Elena Martí, Caminos Secretos

Elena Martí Zaro

¿Qué habría sido de tantos artistas si alguien hubiera reconocido, desde el primer latido, la promesa de su talento y hubiera apostado por él sin reservas? ¿Cuántas obras y mundos habrían florecido a tiempo si una sola mirada hubiera sabido intuirlo cuando todo era apenas un comienzo?  

En la trayectoria de nuestra artista, ese apoyo llegó temprano y cambió el rumbo de su vida. Su relación con el arte se forja desde la infancia y se revela como una vocación inevitable. Desde niña destacó por sus cualidades para el dibujo, un talento que sus profesores reconocieron muy pronto y no dudaron en estimular. El elogio inicial que recibió en la escuela se vio reforzado por el apoyo de sus padres, quienes, en un gesto poco habitual para la época, impulsaron decididamente su formación artística y la encaminaron hacia los estudios de Bellas Artes.

Ese apoyo germinante se transformó con el tiempo en una actitud casi ética hacia su práctica artística. Para Elena Martí Zaro, el arte no es únicamente una profesión, sino una forma de fe. Concibe su trabajo como un deber moral, una fidelidad que requiere constancia y disciplina, y cuya omisión le genera frustración. En su visión, el arte constituye lo que diferencia al ser humano del animal: la capacidad de percibir la belleza incluso en lo cotidiano, de encontrar en lo más simple una dimensión que trasciende lo visible y toca lo esencial. “Creo en el arte, y además, pienso que es lo único que nos salva” sentencia Elena.

Quiebro, 2020

Un dibujo como territorio interior

En la exposición Caminos Secretos, la artista madrileña, reconocida internacionalmente,  presenta una selección de obras sobre papel desarrolladas desde 2020. Realizadas en carboncillo y grafito, estas piezas construyen un universo visual austero y complejo al mismo tiempo, donde la economía de medios convive con una intensa densidad simbólica.

Las composiciones se articulan mediante arquitecturas esquemáticas, juegos geométricos y perspectivas que dialogan con una iluminación muy medida: contraluces, blancos radicales y negros profundos que generan espacios vibrantes. En estos dibujos, la línea, protagonista absoluta, no es solo un recurso formal, sino una metáfora del tránsito: caminos, trayectorias, decisiones, bifurcaciones. Cada obra se presenta como fragmento de un mapa mayor: caminos que no avanzan de forma lineal, sino que se entrecruzan a semejanza de pensamientos o sueños.

Geometrías castellanas, 2020
Puentes, 2022

Símbolos, laberintos y umbrales

Los dibujos de Martí proponen una lectura del espacio como territorio mental. Nos evocan laberintos, puertas entreabiertas, senderos que se pierden en la sombra o estructuras arquitectónicas fragmentadas. Las líneas del dibujo se convierten así en huellas de tránsito, rastros de historias que son apenas sugeridas. Son imágenes que remiten a procesos internos: emociones ocultas, recuerdos latentes, narraciones invisibles. En este sentido, los “caminos” del título no deben entenderse únicamente como rutas físicas, más bien,  decisiones vitales, trayectorias personales que rara vez se muestran con claridad. 

La artista trabaja con una tensión constante entre lo visible y lo oculto. Los espacios en blanco, lejos de ser vacíos, actúan como pausas de respiración visual y como zonas de silencio. Las sombras, por su parte, funcionan como umbrales: lugares donde la mirada se detiene y comienza la interpretación.

Proyecto 4, 2024

La presencia humana sin figura

Uno de los rasgos más distintivos de su obra es la ausencia de la figura humana. Pese a que el cuerpo no aparece, su presencia se hace sentir de manera constante en la arquitectura y los espacios construidos que cruzan escaleras. Son estructuras creadas por el ser humano, pero ahora convertidas en símbolos. Como motivo recurrente, la escalera despliega múltiples significados: subir y bajar, entrar y salir, evocando movimiento, tránsito y transformación. Para EMZ, estos elementos arquitectónicos no son simples objetos representados, sino que actúan como metáforas del viaje interior, transformándose en espacios que sugieren una dimensión metafísica. “Cuando ves mi obra tienes que ir más allá de lo que se ve”, aclara Elena. En esta afirmación se condensa una de las claves de su trabajo: la pintura entendida como una puerta hacia lo sutil.

Proyecto 0, 2024
Proyecto 3, 2024

Una trayectoria centrada en el espacio

Nacida en Madrid en 1961, se licenció en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid en 1986. Desde finales de los años noventa ha desarrollado una trayectoria expositiva constante en galerías e instituciones españolas y europeas, articulando un discurso centrado en la memoria, la arquitectura y la construcción simbólica del espacio.

Un momento decisivo en su formación fue la beca concedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores que le permitió residir entre 1991 y 1992 en la Academia Española de Historia, Arqueología y Bellas Artes en Roma. Esta etapa contribuyó a consolidar su lenguaje artístico y su interés por la dimensión histórica y simbólica de la arquitectura.

A lo largo de su trayectoria, Martí ha presentado proyectos que profundizan en distintas dimensiones de la representación: desde Paisajes y Arquitecturas (1997) hasta exposiciones como Elegías (2004), Desnudos (2010), Incógnita (2015) o La Sombra de Babel (2017), donde la fragmentación del relato visual y la tensión entre lo visible y lo oculto se convierten en temas centrales.

Más recientemente, proyectos como Espejismos (2022), Cuentos Cortos (2023) o Proyecto 0 (2024) muestran una progresiva síntesis formal y conceptual que culmina en Caminos Secretos, presentada en el espacio cultural Desván Blanco.

Sin título A, 2026

Esta muestra invita al espectador a una experiencia activa. No se trata únicamente de observar, sino de descubrir: de recorrer con la mirada los trayectos que la obra apenas insinúa y de completar sus silencios. En estos dibujos, cada línea parece señalar un desplazamiento posible y cada sombra abre la puerta a un relato latente. Lo invisible —sugiere Elena Martí— no está ausente; simplemente requiere una mirada atenta. Quizá por ello, quien se acerca a contemplarlas termina aceptando una invitación más profunda: la de detenerse, mirar con calma y descubrir que, a veces, los caminos más reveladores son precisamente aquellos que permanecen ocultos.

Se cierra el telón, 2020

Aquí puedes ver a la pintora Elena Martí Zaro hablar de su exposición Caminos Secretos:

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