Dónde se exhibe: https://www.arteinformado.com/agenda/f/naturaleza-habitada-242955
En el siempre dinámico y fértil panorama cultural de Santa Cruz de Tenerife, sobresale con renovada intensidad una propuesta expositiva que establece una sintonía profunda con aquello que nos conforma. La reconocida pintora canaria María Jesús Pérez Vilar despliega en Naturaleza Habitada un universo plástico de gran sutileza, donde la memoria sensorial y la experiencia íntima se entrelazan mediante una sensibilidad poética de honda resonancia.
Desde el primer acercamiento, se revela una voluntad clara: trascender la representación convencional del paisaje para adentrarse en una dimensión simbólica, casi espiritual, en la que la naturaleza deja de ser un simple escenario y se convierte en una vivencia sentida e interiorizada. No se trata, por tanto, de contemplar, sino de habitar; de recorrer desde la subjetividad, territorios visibles e invisibles en constante diálogo.
María Jesús se inspira de forma evocadora en el célebre poema “Correspondencias” de Charles Baudelaire, incluido en Las flores del mal. Esta influencia no se manifiesta como una simple referencia erudita, sino como un auténtico fundamento conceptual que impregna la mayor parte de la obra.
En los versos de Baudelaire, la naturaleza es concebida como un templo vivo, atravesado por símbolos y ecos imperceptibles; dando lugar a una comunión en la que los sentidos se entrelazan y “los perfumes, los colores y los sonidos se responden”. Precisamente en esa idea —la de una realidad tejida por correspondencias sensibles y metafísicas— encuentra la prolífica artista un territorio fértil desde el que construir su lenguaje visual. Su pintura parece, así, traducir plásticamente esa sinestesia simbólica: los colores sugieren aromas, el ritmo de las formas evocan sonidos, las atmósferas despiertan recuerdos ocultos; aportando una clave fundamental al afirmar que la naturaleza no se agota en la línea del horizonte, sino que posee una dimensión interior habitada por la memoria, el olor o el tacto.
Pero en esta experiencia estética emerge también una dimensión más sutil, casi imperceptible, que introduce una atmósfera sugerente. En el catálogo de la muestra, la historiadora y escritora Felicidad Batista plantea un juego de miradas según el cual el espectador es también observado: hay «ojos atentos detrás de una ventana, entre la espesura de un bosque o bajo el agua» Esta visión proyecta un halo de misterio que transforma la relación con las obras. Ya no estamos únicamente ante paisajes interiorizados, sino ante presencias latentes que parecen habitar el lienzo y devolver la mirada, como si la naturaleza misma guardara conciencia.
Esta concepción poética articula un discurso en el que materia y espíritu, cuerpo e imagen interior, se funden en una unidad compleja y vibrante; entramado visual en cuyo seno el color adquiere un protagonismo decisivo. Intenso, envolvente, a veces casi táctil, se combina con una luz sutil que genera atmósferas de notable profundidad emocional. Su vocación perseverante, desplegada en múltiples formatos y soportes, evidencia un proceso creativo constante y de naturaleza orgánica, cimentado en la experimentación y la búsqueda. El recorrido se organiza en tres ámbitos interrelacionados. El primero, centrado en el agua, recoge un motivo recurrente en su trayectoria: fuentes, mares, arroyos o lágrimas que riegan como metáforas fluidas de la memoria y la emoción. Su carácter cambiante y reflectante convierte este elemento en un lugar de tránsito capaz de diluir lo exterior y lo interior.
A continuación, el bosque se presenta no solo como imagen, sino como experiencia vital. Atravesarlo implica enfrentarse a una dimensión introspectiva, densa y, al mismo tiempo, reveladora. Desde una concepción más libre del espacio, casi aérea, este ámbito permite a la artista explorar el color con una libertad lúdica, generando composiciones abiertas y dinámicas.
Finalmente, la sección dedicada al beso introduce una dimensión sensorial particularmente intensa. Más allá de su carga sensual, este gesto se convierte en un modo de contacto con el entorno que incita a tocar el paisaje hasta fundirse con él. La pintura alcanza en este plano una vibración emocional que interpela directamente al espectador, invitándolo a participar de ese latido compartido.
A lo largo de su trayectoria, María Jesús Pérez Vilar ha consolidado un lenguaje plástico coherente, íntimo y simbólico —que amalgama introspección, memoria e investigación formal, orientada ahora a profundizar con madurez, en una línea de trabajo que conecta lo biográfico con lo universal. En esta selección, su mirada ofrece una amplia riqueza en matices, dando como resultado un conjunto de piezas que evocan la primigenia Anaga, el cerúleo Atlántico y el susurro de los alisios; piezas que no solo se contemplan, sino que nos interpelan.
El alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, destaca que el municipio capitalino afianza progresivamente su posición como uno de los principales focos culturales del archipiélago, gracias a una programación expositiva comprometida con el talento y la sensibilidad artística. Bajo esta premisa, Naturaleza Habitada se presenta como una clara manifestación de esa línea de trabajo en el que la raíz literaria se convierte en el eje vertebrador de toda la entrega.
La muestra podrá visitarse hasta el 12 de abril en horario habitual del museo, con entrada gratuita. Asimismo, se ha programado una visita guiada por la propia artista, el 28 de marzo a las 12:00 horas, una ocasión idónea para adentrarse en su imaginario y dialogar directamente con ella.
