¿Qué misterio habita en la mirada de quien posee el don de transmutar lo cotidiano en símbolo y sublimar lo visible hasta convertirlo en pura experiencia?
En el panorama contemporáneo de la pintura en Canarias, la figura de Ariam Lázaro Pérez Barrios se impone, por la solidez de su trayectoria y la calidad técnica de su obra, con una singularidad difícil de clasificar.
Hijo de trovador y heredero de una tradición donde palabra, música y emoción se entrelazan, su práctica artística no se limita al lienzo. Escribe también. Y esa doble naturaleza —visual y poética— cala en su trabajo. Hay silencios y tensiones en sus cuadros que no se explican únicamente desde lo visual. La ética de trabajo del pintor se revela en una voluntad inquebrantable por la excelencia: “Destaca su gran capacidad de trabajo, pero sobre todo su carácter analítico y apasionado, orientado a la búsqueda de un ideal. No pretende venderse ni demostrar nada, sino encontrar la belleza como un absoluto que persigue constantemente. Su obra está impregnada de esa búsqueda y, por ello, transmite una sensación de verdad”, manifestó el artista plástico Sergio Linares Velasco durante la apertura de la muestra.
De la Habana a Canarias
Oriundo de Cuba (1977), su formación y mirada se forjaron inicialmente bajo la luz del Caribe, antes de consolidar su lenguaje en este lado del Atlántico. Desde muy temprana edad siente inquietud por el cómic y la ilustración. Pronto se une a los grupos de historietistas que existían en la capital en aquel entonces, que asistían al famoso taller de historieta de la UPEC, donde se formó a toda una generación de artistas del cómic y la ilustración. Influenciado en sus inicios por el boom del manga crea, junto a un grupo de dibujantes y guionistas, el primer fanzine manga de Cuba, llamado “Manga Cubano”, donde la mayoría de los que participaron son a día de hoy profesionales del medio.
En su adolescencia descubre otra pasión, la pintura, que le lleva a ingresar en la Academia Nacional de Bellas Artes de la Habana “San Alejandro”, formándose en las especialidades de pintura y grabado. Allí coincidirá con los artistas Yoel Díaz Gálvez y Vladimir León. Participa asimismo en exposiciones colectivas y en distintos proyectos de cómic e ilustración en la Perla del Caribe.
En el año 2002, se traslada a vivir a Tenerife, donde cursa estudios de especialización en diseño e ilustración en la Escuela de Arte Fernando Estévez. Desde ese momento comienza su carrera como pintor muralista, trabajando para diversos ayuntamientos y también en escenografías con clientes privados. Paralelamente desarrolla su obra personal participando en numerosas muestras y eventos artísticos a lo largo de estos años y recibiendo varios premios y reconocimientos.
Como ilustrador ha realizado dos cómics para el Ayuntamiento de Adeje sobre la historia del municipio: “Adeje Guanche” y “La Conquista”.
Es pues un artista polifacético que cultiva también la escultura y la tematización.
El valor del maestro y la experiencia
Si bien su base se asienta en la instrucción reglada, el verdadero desarrollo de Ariam emana de una simbiosis poco frecuente: rigor académico, impulso autodidacta y su infatigable praxis. En este proceso, la figura del pintor canario Conrado Díaz Ruiz se erige como un pilar decisivo. Su labor trasciende la docencia para consolidarse como la de un maestro de estirpe clásica. Bajo su tutela, Ariam Pérez se inicia en los arcanos del oficio: desde el riguroso análisis de la forma y la disciplina cuasi mística del dibujo, hasta el ejercicio sagrado de la observación del natural. A esta influencia se suma una red de artistas y compañeros que, desde sus inicios, contribuyen a su evolución. Su trayectoria no es la del artista aislado, sino la del que crece en diálogo constante con otros.
Sobre estos cimientos gravita una constelación de referentes que abraza desde el realismo de la escuela rusa —con Iliá Repin a la cabeza— hasta la huella de la tradición española: Velázquez, Sorolla, Fortuny o Madrazo. De esta genealogía no extrae maneras, sino herramientas. Para Ariam, la historia del arte no constituye un archivo inerte, sino un fértil territorio de indagación. Esta herencia converge con una dimensión plenamente contemporánea: la democratización del saber a través de la red, el rigor del estudio autodidacta y una observación perenne. Es así como su formación se manifiesta como un proceso abierto, vibrante y en incesante expansión. De este modo, su formación se configura como un proceso abierto, vibrante y en incesante expansión
El proceso creativo: entre la intuición y el hallazgo
El proceso creativo de Ariam se articula a partir de lo que él denomina “chispazos”: intuiciones, imágenes mentales, asociaciones inesperadas que funcionan como punto de partida. Estas ideas se desarrollan mediante dibujos, fotografías —a menudo realizadas por él mismo— y pruebas pictóricas. Sin embargo, no se trata de un proceso lineal. En la búsqueda de una imagen concreta, surgen otras que modifican el rumbo de la obra. Este diálogo entre intención y descubrimiento sitúa su práctica en un territorio cercano a la poesía: no se trata de ejecutar una idea cerrada, sino de encontrarla en el propio proceso. Quienes han sido testigos de su metodología destacan dos pilares fundamentales: una entrega inusitada al trabajo y una mirada intrínsecamente analítica. Ariam no pinta desde la improvisación ingenua. Su obra está sostenida por horas de estudio, análisis de referentes, visitas a museos y una constante reflexión sobre la historia de la pintura. “Suelo partir de una premisa inicial, ya sea una imagen o un concepto latente. Si la idea es representar un gallo, por ejemplo, esa figura se convierte en el núcleo de una serie de interrogantes: cómo intervenirlo, qué elementos deben coronar la figura o qué atmósfera debe rodearla. Es entonces cuando se inicia el verdadero ejercicio de la composición” sostiene el creador. Su proceder revela una estructura compleja: dibujos previos, archivos visuales, referencias fotográficas propias y su constante revisión crítica. Sin embargo, todo este andamiaje técnico queda subordinado a un objetivo mayor: alcanzar una imagen que, en sus propias palabras, “se acerque a lo que ocurre en la cabeza”.
El plátano como símbolo
Uno de los elementos más característicos en su obra reciente es el uso del plátano como motivo recurrente. Lejos de ser anecdótico, este elemento se convierte en un eje de investigación formal y conceptual. Esta fruta le ofrece una versatilidad excepcional: puede transformarse, deformarse o adquirir múltiples significados sin perder su identidad. Su carga simbólica en el contexto canario —cultural, económica, territorial— amplifica su potencia. Pero más allá del símbolo, lo importante es el uso que Ariam hace de él: lo convierte en un recurso plástico, en un elemento compositivo, en una metáfora abierta. “Durante cinco años, mi mirada se detuvo con especial interés en la naturaleza del plátano, convirtiéndolo en el centro de mi búsqueda plástica. Esta muestra constituye un compendio de aquel ciclo creativo; una antología de las obras en las que profundicé en su forma y esencia durante ese periodo de mi vida”, señala el artista.
Cosecha propia
Este proyecto expositivo situado en el espacio cultural y galería de arte Desván Blanco ofrece una mirada retrospectiva al discurso plástico de Ariam, una síntesis de varios años de investigación. En ella se reúnen obras que exploran el símbolo, la forma y la materia desde diferentes relatos.
El recorrido permite apreciar la amplitud de su lenguaje: desde grandes formatos de poderosa presencia, hasta piezas más contenidas donde la intensidad se concentra. La paleta despliega una riqueza de matices que evidencia un dominio profundo del color. La combinación entre figuración y abstracción se presenta aquí con una naturalidad que solo es posible tras una consolidada experiencia. “En esta exposición tenemos un ejemplo muy claro de lo que es la abstracción y la figuración conviviendo en un terreno híbrido fuera de toda competición. En cada una de estas piezas hallamos esa simbiosis magistral, en la que la frontera entre lo figurativo y lo abstracto se desvanece mediante una factura impecable “, revela Román Hernández, escultor y director del espacio cultural Desván Blanco.
En Cosecha Propia, el autor nos ofrece el resultado de años de disciplina y pasión. Nos recuerda que el arte, cuando es honesto, es quizá el único lugar donde la técnica y el alma logran fusionarse inextricablemente.
No dejen pasar la oportunidad de ser testigos de esta síntesis magistral; una lección de pintura que se siente y se habita en cada pincelada, transformando la contemplación en pura experiencia poética.
PoésIcA es un canal de Youtube, un espacio de creación musical y poética donde todas las letras son escritas por Ariam Lázaro Pérez y musicalizadas mediante inteligencia artificial. Aquí se exploran y fusionan distintos géneros y estilos, rompiendo fronteras tradicionales para dar lugar a obras originales que aprovechan al máximo las posibilidades creativas de las nuevas tecnologías. Cada canción es una búsqueda expresiva de libertad total, experimentación y emoción.
